Iniciamos nuestra serie de artículos sobre las Zonas de Escalada con una pregunta esencial: ¿De quién es la roca?. Como escaladores, a veces sentimos que las montañas y paredes son terreno de aventura abierto a todos. Sin embargo, tras años recorriendo las zonas de escalada con Belay Partners, hemos aprendido una lección fundamental: cada zona de escalada tiene un dueño o responsable. La roca no es tierra de nadie, y entender quién la posee legalmente es clave para un acceso responsable y sostenible.
La realidad detrás de la pregunta
¿Alguna vez te has preguntado a quién pertenece la pared que estás escalando? Esa pared imponente en medio de la nada podría parecer pública, pero en México es casi seguro que tiene propietario. Puede ser propiedad del gobierno, de una comunidad local o de un particular. Conocer esto marca la diferencia entre escalar con tranquilidad o encontrarnos con un letrero de “Prohibido el paso”. No todas las zonas son iguales legalmente. En México coexisten distintos regímenes de propiedad que afectan nuestras amadas paredes de roca: propiedad pública (federal o estatal), propiedad privada y propiedad ejidal. Cada una conlleva dinámicas y responsabilidades distintas. A continuación, exploramos cada categoría y cómo influyen en nuestras experiencias de escalada.
Propiedad pública: la roca en terrenos gubernamentales
Algunas zonas de escalada se ubican en terrenos propiedad del Estado (ya sea federal o estatal). Esto incluye parques nacionales, áreas naturales protegidas y reservas ecológicas administradas por autoridades gubernamentales. México cuenta actualmente con 67 Parques Nacionales declarados, además de decenas de reservas de la biósfera, santuarios y parques estatales, lo que significa que muchas montañas y cañones están bajo custodia gubernamental.
En las áreas de propiedad federal, como un parque nacional, la roca es de la nación. En la práctica, esto suele implicar acceso público (bajo ciertas regulaciones). Por ejemplo, podría haber horarios de entrada, reglamentos ambientales (¡no dejar basura, no hacer fogatas!) y restricciones en la apertura de nuevas rutas (a veces se requiere permiso para equipar vías o escalar en ciertas paredes sensibles).
La ventaja es que, al ser espacios públicos, difícilmente te negarán el acceso arbitrariamente; la desventaja es que debes cumplir normas más estrictas pensadas para conservar el entorno. También existen parques estatales o municipales donde la propiedad es gubernamental a otro nivel. En ellos, las reglas pueden variar según la entidad federativa. En general, siempre infórmate si la zona de escalada que visitas está dentro de un área protegida oficial. Si es así, respeta las indicaciones de guardaparques o señales informativas. Estas áreas nos recuerdan que la roca, cuando es pública, sigue teniendo “casa” y cuidadores – solo que en este caso son instituciones gubernamentales velando por todos nosotros.
Propiedad privada: la roca con dueño particular
Muchas escuelas de escalada en México se desarrollan en tierras de propiedad privada. En estos casos, un individuo, familia o empresa es dueño legal del terreno donde se encuentra la pared de roca. A veces esa persona ni siquiera escala, pero tolera (o desconoce) la presencia de escaladores; en otras ocasiones, el mismo propietario es quien impulsó la apertura de rutas en su terreno.
Cuando escalas en propiedad privada, estás invitado en el patio ajeno. Legalmente, el dueño tiene todo el derecho de admitir o negar el acceso. Hemos visto de todo en nuestros viajes: rancheros que amablemente nos permiten estacionar y escalar en sus tierras (a cambio de una sonrisa y prometer llevarnos la basura), hasta candados en caminos que indican “Aquí no se puede pasar”. Por ello, es vital ser respetuoso y proactivo:
- Si conoces al dueño o encargado, pide permiso antes de entrar con tu equipo. Un saludo cortés puede abrir muchas puertas (o portones).
- Si el acceso está abierto pero notas carteles de propiedad, sé discreto y ordenado: no hagas ruidos excesivos, no dejes basura y respeta las cercas o límites.
- Algunos propietarios privados establecen cuotas de entrada o requisitos (firmar una responsiva, por ejemplo). Estas condiciones, nos gusten o no, son parte de escalar en terreno ajeno. Cumplirlas demuestra que valoramos su tolerancia.
La clave en terreno privado es generar confianza. Con Belay Partners hemos aprendido que cuando un dueño ve a los escaladores como aliados y no intrusos, es más probable que apoye la escalada a largo plazo. Por eso, siempre nos esforzamos en saludar, consumir en negocios locales cercanos (si el dueño es parte de la comunidad) y agradecer la oportunidad de escalar en su propiedad. La roca privada tiene dueño, pero también puede tener amigos si actuamos con respeto.
Propiedad ejidal: la roca en manos de la comunidad
Una situación muy típica en México es que la zona de escalada se encuentre en terreno ejidal. Los ejidos son comunidades agrarias que poseen tierras de forma colectiva, resultado de la reforma agraria tras la Revolución Mexicana. En vez de un solo dueño, todo un núcleo comunitario es “dueño” de la roca. Esto significa que las decisiones sobre el uso de esas tierras (incluyendo si se permite o no la escalada) las toma la asamblea ejidal o sus representantes elegidos, como el comisariado ejidal. En la práctica, escalar en tierras ejidales suele implicar tratar directamente con la comunidad local. Cada ejido tiene sus costumbres y reglas:
- En muchos casos la comunidad permite la escalada a cambio de una cuota de acceso simbólica (que ayuda al mantenimiento del camino, limpieza u otros proyectos locales). Es común encontrar casetas rústicas o encargados locales cobrando $10, $20 pesos por persona; lleva efectivo para contribuir.
- Algunas comunidades establecen horarios o restricciones por rituales y festividades locales. Por ejemplo, podría prohibirse la escalada ciertos días del año por celebraciones tradicionales (como ocurrió en un ejido que cierra su zona cada 3 de mayo por fiestas patronales).
- Dado que la administración cambia periódicamente (los ejidos eligen líderes cada cierto tiempo), a veces acuerdos previos con escaladores deben renovarse. Un cambio de comisariado puede significar volver a presentarse, explicar nuestro deporte y reafirmar permisos. La comunicación continua es fundamental.
La belleza de escalar en tierra ejidal es que te conecta con la cultura local de una forma única. Nos ha pasado llegar a un pueblito, rumbo a una pared, y terminar charlando con los ancianos del lugar bajo la sombra de un árbol, explicándoles a qué vamos. Esa conversación abre puertas: quizá el señor nos cuente la historia del cerro, o la señora nos ofrezca tortillas recién hechas después de escalar.
Son experiencias que no se viven en terrenos anónimos. Pero también implica una gran responsabilidad: ser embajadores de la comunidad escaladora. Si nosotros, como visitantes, mostramos respeto y gratitud, dejamos todo limpio y quizá aportamos al ingreso local (comprando comida, artesanías, pagando la cuota con gusto), la comunidad nos verá con buenos ojos. Con el tiempo, se genera un círculo virtuoso: escaladores contentos, comunidad beneficiada y zona cuidada. El ejido cuida la roca, y nosotros cuidamos al ejido.
Consejos para un acceso responsable
Después de comprender de quién es la roca, el siguiente paso es actuar en consecuencia. Aquí te dejamos algunos consejos prácticos que aplicamos en nuestras aventuras, para que tú también puedas ser un escalador consciente y bienvenido en cualquier zona:
- Infórmate antes de escalar: Investiga el tipo de propiedad de la zona que visitarás. ¿Es parque nacional (federal)?, ¿es tierra ejidal?, ¿pertenece a algún rancho privado? Fuentes como guías locales, comunidades en redes sociales o plataformas como TheCrag/MountainProject suelen indicar el estatus y cualquier regulación vigente. Nunca asumas que “por ser naturaleza es de acceso libre”. Mejor salir de duda preguntando.
- Respeta las reglas y costumbres locales: Cada lugar puede tener normas distintas. Si es área protegida, cumple con reglamentos ambientales y paga la entrada si la hay. Si es ejido, atiende los avisos de la asamblea (por ejemplo, posibles cierres temporales en ciertos días festivos o temporadas de siembra/caza). No todas las restricciones son “en contra de los escaladores”, a veces responden a tradiciones o necesidades de quienes custodian el espacio. Sé paciente y comprensivo.
- Busca el diálogo con los dueños o comunidades: En terrenos privados o ejidales, saluda y platica con la gente del lugar. Presentarte puede marcar la diferencia. Explica de dónde vienes y que tu intención es solo escalar y respetar. Si perciben tu buena actitud, es más probable que te den la bienvenida. Recuerda que cada vez es más común el diálogo entre escaladores y las comunidades dueñas de los territorios donde escalamos, así que sé parte de esa tendencia positiva.
- Contribuye y deja el lugar mejor: No importa quién sea el dueño, demuestra que como escalador eres un aliado. Lleva contigo tu basura (y si puedes, algo de basura que otros hayan dejado). Si hay oportunidad, aporta económicamente: paga las cuotas de acceso sin regatear y consume local (comida, guías, estacionamiento, etc.). Estas acciones tan simples envían un mensaje claro: valoramos el lugar y a sus propietarios.
- Comparte información responsablemente: Si descubres una nueva zona o visitas un sitio poco conocido, ten tacto al difundirlo. Evita publicar ubicaciones sensibles en redes sin contexto. Primero conversa con los responsables del terreno sobre qué tan público quieren que sea el sitio. A veces, menos es más para no abrumar a una comunidad con visitantes inesperados. La escalada sostenible se construye despacio, cultivando confianza.
Cuando entendemos de quién es la roca, dejamos de ser simples visitantes y nos convertimos en invitados conscientes. Valoramos más el espacio, apreciamos la historia detrás del lugar y contribuimos a su cuidado. En nuestra trayectoria, hemos visto cómo el conocer y respetar la propiedad de las zonas de escalada abre puertas a experiencias más ricas: desde aprender leyendas locales hasta participar en proyectos de conservación en conjunto con las comunidades.
En resumen, no todas las zonas de escalada son iguales legalmente ni culturalmente, y esa diversidad es parte de la magia de escalar en México. La próxima vez que prepares tus cuerdas y pies de gato para una nueva aventura, hazte esta sencilla pregunta antes de emprender el camino: “¿De quién es la roca que voy a escalar?”. La respuesta te guiará para acercarte con respeto, y así asegurar que podamos seguir disfrutando de nuestras queridas paredes por generaciones, de la mano de quienes llaman a esas montañas su hogar. Mantengamos vivo el espíritu de comunidad y respeto en cada peña, farallón y cañón. La roca nos espera, y sabiendo de quién es, la cuidaremos mejor que nunca.



